Control de plagas en un hotel: reto al especialista

Las tareas de control de plagas en hoteles de ciudades como Madrid, con afluencia de huéspedes a lo largo de todo el año, representan un reto para el especialista: la rotación continua de mercancías y de clientes, la obligada discreción en cada trabajo, el alto nivel de exigencia para salvaguardar la imagen del establecimiento, la estructura interna de los edificios con canalizaciones y conducciones hacia todos los puntos, etc., generan un complejo entorno dónde, a los riesgos de acceso e introducción de las plagas urbanas “habituales”, se han sumado los de las chinches de cama a través de los huéspedes y de sus maletas y enseres.

 

Como ejemplo de la dificultad que añade esto último, un sólo cliente del hotel que porte chinches en su equipaje, además de introducirlas en su habitación, dejará rastros de contaminación en otros muchos puntos del hotel: desde en los asientos y en el maletero del vehículo de cortesía del hotel que lo recogió del aeropuerto o de la estación – que a su vez se introducirán en el equipaje de futuros huéspedes y en las zonas de descanso del conductor del vehículo -, hasta en los asientos del comedor o del vestíbulo del hotel y desde luego en las habitaciones colindantes a la del huésped afectado, iniciando así una espiral de distribución que requiere de un auténtico especialista en control de plagas para manejarla y controlarla de manera eficaz.

 

La repercusión económica que tiene la presencia de plagas en un hotel es muy elevada pero difícil de cuantificar con exactitud. A la reclamación del huésped, con posibles consecuencias en forma de sanción sanitaria, y a los gastos directamente derivados del suceso – cambio de habitación, invitación de cortesía, toma de medidas correctivas sobre la plaga, etc. – , se deben incorporar los daños a la imagen y a la fidelización de la clientela que pueden resultar dramáticos. Y es que un cliente que ha sufrido la experiencia de una cucaracha, una chinche o un roedor en un hotel, olvida de forma inmediata otros aspectos de la atención recibida que hicieron agradable su estancia hasta entonces; este cliente no hace balance, sino que se queda sólo con la mala y desafortunada experiencia. Y no sólo no volverá al hotel, sino que lo contará y lo divulgará, en la actualidad con una capacidad asombrosa a través de las redes sociales, causando un deterioro en la imagen y en la reputación del establecimiento por un valor difícil de calcular. Algún establecimiento intenta evitarlo ofreciendo estancias gratuitas al cliente afectado, para cambiar su percepción antes de que eche su reputación por tierra; pero incluso con ello,  el hotel no se asegura quedar a salvo.

 

La única manera de asegurar este riesgo es que la partida presupuestaria dedicada al control de plagas en el hotel, sobre todo en su faceta preventiva más que curativa,  tenga relevancia frente a otros gastos recortables con un efecto menos dramático, y así mantener un servicio de control de plagas profesional que cubra de manera eficiente la complejidad del servicio en este tipo de establecimientos y proteja adecuadamente la imagen y la reputación del establecimiento hotelero.

2 comentarios
  1. Marta
    Marta Dice:

    Es importante recalcar y enfatizar la importancia de tener un plan de control de plagas, que a veces por diferentes motivos (económicos, desconocimiento…)se prescinde de él, sin tener en cuenta las consecuencias que de esto se derivan para nuestra salud, en este caso concreto, las chinches es una plaga que está resurgiendo, encontrar chinches en un hotel o cualquier otro tipo de plaga ofrece al cliente una imagen desagradable y difícil de reparar, teniendo como consecuencia para el hotel la temible pérdida de clientes, siempre hay que satisfacer las necesidades de los clientes para su posterior fidelización, porque el cliente es lo mas importante y así se lo tienen que hacer sentir.

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  2. RICARDO
    RICARDO Dice:

    Totalmente de acuerdo con el artículo, la presencia de plagas en un hotel conlleva que el cliente no haga un balance de su estancia en el mismo, sinó que su valoración final será absolutamente negativa, y el daño económico incalculable. Antes se decía que un cliente insatisfecho lo comentaba con 3 personas, pero ahora con las redes sociales ese efecto se multiplica.

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